Sé celoso y arrepiéntete!

 

Sé celoso y arrepiéntete

 

La condición de hoy en el pueblo de Dios no difiere mucho de lo que ha sido en otros momentos cuando de rebeldía e idolatría se trata. Fíjense por favor que hablamos del “pueblo de Dios” y no del mundo en general.

Tomando solo un pasaje del libro de Esdras podemos comparar nuestra situación hoy y los cambios que debemos hacer a todo nivel si queremos de verdad transformarnos a imagen y semejanza de Jesús y prepararnos para su próxima venida.

Recuerdan la deportación del pueblo Judío a Babilonia? Hablamos del cautiverio realizado por Nabucodonosor en los inicios del siglo VI antes de Cristo. La mano de Dios retiró la protección sobre su pueblo debido a su maldad, idolatría, mezcla con las naciones vecinas, a su olvido del que ha debido ser su único Dios. Cuando llega al poder el nuevo imperio Medo-persa (70 años después), comienza la repatriación a la tierra prometida y aquí es donde encontramos más  o menos hacia el año 457 a.C el siguiente pasaje del libro de Esdras cuando él es designado por Artajerjes como líder para esta región:

Esdras 9:1-5   Acabadas estas cosas, los príncipes vinieron a mí, diciendo: El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de las tierras, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, y hacen conforme a sus abominaciones. Porque han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado. Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo. Y se me juntaron todos los que temían las palabras del Dios de Israel, a causa de la prevaricación de los del cautiverio; mas yo estuve muy angustiado hasta la hora del sacrificio de la tarde.

Desde el primer retorno del exilio Babilonia hacia el año 537 a.C.  se había hecho mucho. Se había acabado la reconstrucción del templo y los muros de la ciudad habían sido parcialmente reparados. Sin embargo quedaba todavía mucho por hacer. Cuando llega el tiempo de Esdras (descendiente sacerdotal de Sadoc), viaja a Jerusalén con el fin de establecer la administración civil y religiosa, y para tomar las medidas necesarias. Era un "escriba diligente en la ley de Moisés"  y por tanto, un judío bien educado de la clase sacerdotal.

La influencia de su presencia dio valor y esperanza al corazón de muchos que habían trabajado durante largo tiempo en medio de dificultades. Buen número de estos habían permanecido fieles a Dios mientras vivieron, pero una proporción considerable habían olvidado del carácter sagrado de la ley de Dios. Aun algunos de los hombres a quienes se habían confiado responsabilidades vivían en pecado abierto. Su conducta contribuía mucho a neutralizar los esfuerzos hechos por otros para hacer progresar la causa de Dios; porque mientras se permitía que quedasen sin reprensión las violaciones flagrantes de la ley, la bendición del Cielo no podía descansar sobre el pueblo. Varios de los principales de Israel se acercaron a Esdras con una queja grave: “El pueblo de Israel y los sacerdotes y levitas no se han separado de los pueblos de las tierras, de los cananeos, heteos, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos, y hacen conforme a sus abominaciones. Porque han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado”.

En su estudio de Esdras había aprendido que la apostasía de Israel se debía en gran parte al hecho de que se había enredado con las naciones paganas. Si hubiesen obedecido a la orden que Dios les diera, de mantenerse separados de las naciones circundantes, se habrían ahorrado muchas experiencias tristes. De manera que cuando supo que a pesar de las lecciones del pasado, su corazón se conmovió. Pensó en la bondad manifestada por Dios al dar a su pueblo otra oportunidad de establecerse en su tierra natal y quedó abrumado.

El pesar de Esdras y de sus asociados por los males que se habían infiltrado insidiosamente en el mismo corazón de la obra de Dios, produjo arrepentimiento. Muchos de los que habían pecado quedaron profundamente afectados. (Esdras 10: 1.) Empezaron a comprender el carácter odioso del pecado, y el horror con que Dios lo considera. Vieron cuán sagrada es la Ley y muchos temblaron al pensar en sus transgresiones.

Tal fue el comienzo de una reforma admirable. Con infinita paciencia y tacto, y con una cuidadosa consideración de los derechos y el bienestar de todos los afectados, Esdras y sus asociados procuraron conducir por el camino correcto a los penitentes de Israel. Sobre todo lo demás, Esdras enseñó la ley; y mientras dedicaba su atención personal a examinar cada caso, procuraba hacer comprender al pueblo la santidad de la ley, así como las bendiciones que podían obtenerse por la obediencia. Y la reforma se hizo, y el pueblo se acercó a Dios.

El peligro que han recorrido los hijos de Dios durante los últimos años ha sido el amor al mundo, la asociación con la forma de vida de los incrédulos. Hay algo de qué arrepentirse. La mentalidad mundanal, el egoísmo y la codicia han estado carcomiendo la espiritualidad y la vida del pueblo de Dios. Cuanto más obtienen de este mundo, tanto más fijan sus afectos en él; y tanto más procuran obtener. “Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para el rico entrar en el reino de Dios”. Sin  embargo, muchos de los que creemos ser parte del pueblo de Dios, estamos esforzándonos con toda nuestra energía para colocarnos en la situación en la cual es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para nosotros entrar en el reino.

Piensen por un momento que están haciendo con sus vidas, con el uso de recursos económicos que Dios pone en sus manos, con su vestimenta, con lo que leen, con lo que oyen, a dónde van, con quien comparten su tiempo, de que hablan…cuál es su asociación con el mundo? Cuando los ven en medio de la multitud, si es fácil que se les diferencie como pueblo de Dios?

-Ha predominado la actitud de apoderarse de tanto de este mundo como sea posible. No se han guardado los Mandamientos de Dios. Servimos a la Ley de Dios con la mente, pero las mentes de muchos han estado sirviendo al mundo.

-Se tiene un espíritu mezquino, tacaño. Es verdad que es necesario economizar, pero algunos han extendido la economía hasta convertirla en mezquindad sin otro propósito que añadir a sus tesoros. Si en la providencia de Dios se han adquirido riquezas, no es pecado poseerlas; y si no se presenta la oportunidad de utilizar esos recursos para adelantar la causa de Dios, tampoco es pecado seguir poseyendo esas riquezas. Pero si se presenta ante los hermanos la oportunidad de utilizar esos bienes para la gloria de Dios y el progreso de su causa, en el día de angustia sus tesoros se convertirán en una ofensa para ellos.  (Lucas 12:33-34 )

-La moda. ¡Cuán poco sufren los jóvenes y los adultos, o se niegan a sí mismos por su religión! Apenas si se piensa en el sacrificio entre ellos. El lenguaje de su vida es: el yo debe ser complacido, el orgullo debe ser satisfecho. Se olvidan los sufrimientos de Jesús en el Getsemaní, su sudor como de grandes gotas de sangre en el huerto, la apretada corona de espinas que hirió su sagrada frente…nada los conmueve. No están verdaderamente convertidos ni siquiera la mitad de los que profesan la religión y la verdad. Si hubiesen estado convertidos, darían frutos para la gloria de Dios

-Debe ser siempre un principio fijo para los padres cristianos mantenerse unidos en el gobierno de sus hijos. Algunos padres fallan al respecto; les falta unión. La influencia de la madre se hace sentir. Su ejemplo contribuye a formar el carácter de los hijos. Algunas madres cariñosas les permiten a sus hijos costumbres que no debieran ser toleradas por un momento. A veces se le ocultan al padre las faltas de los hijos. La madre concede ciertas prendas de vestir o algunas otras complacencias, con el entendimiento de que el padre no sabrá nada de ello; porque él reprendería tales cosas. Con esto se les enseña eficazmente a los niños una lección de engaño.  Los hijos conocen la falta de unión que hay entre los padres, y ello tiene su efecto. Los hijos empiezan desde muy jóvenes a engañar y a encubrir.

"Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí". Salmos 51:10.

-Se aman todavía los placeres; se deleita conversar de asuntos mundanales. Pero, cuando se introduce la verdad de Dios no se tiene nada que decir. ¿Por qué se habla tanto de cosas mundanales, y se guarda silencio sobre el tema que más nos concierne, un tema que debiera embargar toda nuestra alma, la Salvación Eterna?

 “De la abundancia del corazón habla la boca”. Mateo 12:34.

-Algunos no siguen una conducta honrada ni sincera. Se aprovechan de sus hermanos pobres, y los que tienen abundancia de recursos exigen a sus hermanos que están en situación embarazosa y angustiosa por falta de recursos, un precio superior al valor real de las cosas que les venden, mucho más de lo que ellos mismos pagarían. Dios conoce todas estas cosas. Todo acto egoísta, toda extorsión codiciosa, traerá su recompensa.

El testimonio que se dio a la iglesia de Laodicea también se aplica al pueblo de Dios actual, y la razón por la cual no ha podido efectuar una obra mayor es por la dureza de sus corazones. El corazón debe ser purificado de los pecados que durante tanto tiempo han mantenido afuera a Jesús. Este solemne mensaje hará su obra.

Aquí en este mundo, en estos últimos días, la gente mostrará cuál es el poder que actúa en sus corazones y controla sus acciones. Si es el poder de la verdad divina, lo conducirá a realizar buenas obras. Elevará al que lo recibe, y le hará tener un corazón noble y ser generoso, como su divino Señor. Pero si los ángeles malignos controlan el corazón, eso se verá en diferentes formas. El fruto será egoísmo, codicia, orgullo y malas pasiones.

Le agradaría más al Señor si los tibios profesores de religión nunca hubieran mencionado su nombre. Son un lastre continuo para los que quieren ser fieles seguidores de Jesús. Son piedra de tropiezo para los incrédulos, y los ángeles malignos se regocijan por su conducta, y ellos se burlan de los ángeles de Dios mediante su conducta torcida. Tales personas son una maldición para la causa en este país y en el  extranjero. Se aproximan a Dios solamente de labios, mientras su corazón se encuentra lejos de él. Vi que el pueblo de Dios no debía imitar las modas del mundo. Algunos lo han hecho, debido a lo cual están perdiendo rápidamente el carácter peculiar y santo que debiera distinguirlos como pueblo de Dios. Se me llamó la atención al antiguo pueblo de Dios y se me dijo que comparara su vestimenta con la moda imperante en estos últimos días. ¡Qué diferencia! ¡Qué cambio! Entonces las mujeres no eran tan atrevidas como ahora. Cuando se presentaban en público se cubrían la cara con un velo. En estos últimos días las modas son vergonzosas e inmodestas. La profecía se ha ocupado de ellas. Fueron introducidas por una clase de personas sobre las cuales Satanás tenía completo control, “los cuales después que perdieron toda sensibilidad (sin tener ninguna persuasión de parte del Espíritu de Dios), se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza”. Efesios 4:19. Si el profeso pueblo de Dios no se hubiera alejado tanto de él, actualmente existiría una marcada diferencia entre su vestimenta y la del mundo. La línea de distinción entre ellos y el Israel de Dios debe tornarse más evidente, porque en caso contrario la maldición que afecta a los mundanos también caerá sobre el profeso pueblo de Dios.  Testimonios para la Iglesia Tomo 1

La gran obra de cambio que necesitamos se realizará únicamente para los que estén dispuestos a ser purificados, que deseen ser diferentes y que manifiesten celo por las buenas obras. ¡Cuántos se apartan del proceso purificador! Es esta mezcla con el mundo lo que destruye nuestra espiritualidad, pureza y celo. ¿Lo provocaremos como lo hizo el Israel antiguo? ¿Acarrearemos sobre nosotros su ira apartándonos de él y mezclándonos con el mundo, y siguiendo las abominaciones de las naciones que nos rodean?

El Señor ha apartado para sí a los que son piadosos; esta consagración a Dios y separación del mundo se ordena definitivamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Existe una muralla de separación que el Señor mismo ha establecido entre las cosas del mundo y las cosas que ha apartado del mundo para sí mismo. La vocación y el carácter del pueblo de Dios son peculiares  y estas peculiaridades los distinguen de todos los demás pueblos. Todo el pueblo de Dios que se encuentra en el mundo constituye un solo cuerpo, desde el comienzo hasta el final del tiempo. Tienen una sola Cabeza que dirige y gobierna el cuerpo. Las mismas órdenes que se le dieron a Israel antiguo se dan también al pueblo de Dios de la actualidad, que se aparten del mundo.

El pueblo de Dios será probado. Debe llevarse a cabo una obra profunda y escrutadora. Lo mismo que los israelitas de la antigüedad, ¡cuán pronto olvidamos a Dios y sus obras admirables, y nos rebelamos contra él! Algunos contemplan el mundo y desean seguir sus modas y participar en sus placeres. Dios los probará para comprobar si su fe es genuina. Satanás procura cegar los ojos de hombres y mujeres para que no vean lo que exige la ley de Dios, se necesitan verdaderos reformadores, que conducirán a los transgresores hacia el gran Legislador, y les enseñarán que "la ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma." (Salmos19: 7.) Se necesitan hombres poderosos en las Escrituras: hombres que con cada palabra y acción exalten los estatutos de Jehová; hombres que procuren fortalecer la fe. Hay gran necesidad de personas que enseñen e inspiren en los corazones reverencia y amor hacia las Escrituras.

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