La parábola de la moneda perdida, explicación y enseñanza

La parábola de la moneda perdida, explicación y enseñanza

Cristo narró la parábola de la moneda perdida después de haber presentado la parábola de la oveja perdida diciendo: “¿Qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma no enciende el candil y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?”

En el Oriente, las casas de los pobres por lo general consistían en una sola habitación, con frecuencia sin ventanas y oscura. Raras veces se barría la pieza, y una moneda al caer al suelo quedaba rápidamente cubierta por el polvo y la basura. Aun de día, para poderla encontrar, debía encenderse una vela y barrerse diligentemente la casa.

La dote matrimonial de la esposa consistía por lo general en monedas que ella preservaba cuidadosamente como su posesión más querida, para transmitirla a sus hijas. La pérdida de una de esas monedas era considerada como una grave calamidad, y el recobrarla causaba un gran regocijo que compartían de buen grado las vecinas. Sigue leyendo

La parábola de la oveja perdida, enseñanza

La parábola de la oveja perdida

En una ocasión Cristo relató la parábola de la oveja perdida usando elementos que eran familiares para quienes le escuchaban. Las extensas mesetas situadas al este del Jordán proporcionaban abundantes pastos para los rebaños, y por los desfiladeros y colinas boscosas habían vagado muchas ovejas perdidas que eran buscadas y traídas de vuelta por el cuidado del pastor. En el grupo que rodeaba a Jesús había pastores y también hombres que habían invertido dinero en rebaños y manadas, y todos podían apreciar su ilustración “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a la que se perdió, hasta que la halle?”. Sigue leyendo

La parábola de la viuda y el juez injusto, explicación

parábola de la viuda y el juez injusto

Cristo ilustró la parábola de la viuda y el juez injusto para relacionar lo que había estado hablando, el período que habría de preceder a su segunda venida y los peligros por los cuales deberían pasar sus discípulos. Con referencia especial a ese tiempo relató la parábola “sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar”.

“Había en cierta ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre alguno. Y había en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él constantemente, diciendo: «Hazme justicia de mi adversario». Por algún tiempo él no quiso, pero después dijo para sí: «Aunque ni temo a Dios, ni respeto a hombre alguno, sin embargo, porque esta viuda me molesta, le haré justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia». Y el Señor dijo: Escuchad lo que dijo el juez injusto. ¿Y no hará Dios justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. No obstante, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra? “—Lucas 18:2-8 Sigue leyendo

La parábola del fariseo y el publicano, un signo de grandeza

parábola del fariseo y el publicano

Cristo dirigió la parábola del fariseo y el publicano a “unos que confiaban de sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros”. El fariseo sube al templo a adorar, no porque sienta que es un pecador que necesita perdón, sino porque se cree justo, y espera ganar alabanzas. Considera su culto como un acto de mérito que lo recomendará a Dios. Al mismo tiempo, su culto dará a la gente un alto concepto de su piedad. Apartándose de los demás, como para decir: “No te llegues a mí, que soy más santo que tú”, se pone en pie y ora “consigo”. Con una completa satisfacción propia, piensa que Dios y los hombres lo consideran con la misma complacencia. Sigue leyendo