El Sermón del Monte

sermón del monte

Cuando Jesús pronunció el Sermón del Monte, sus discípulos estaban cerca de Él, y la multitud, llena de intensa curiosidad, también se acercaba cuanto podía. Esperaba algo fuera de lo común. Así también, las verdades allí expresadas nos han llegado a través de los siglos y han constituido una luz en medio de la generalizada oscuridad del error. Muchos han encontrado en ellas lo que su alma más necesitaba: un fundamento seguro de fe y práctica. Sigue leyendo

Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo

sal de la tierra

Se aprecia la sal de la tierra por sus propiedades preservadoras; y cuando Dios llama sal a sus hijos, quiere enseñarles que se propone hacerlos súbditos de su gracia para que contribuyan a salvar a otros. Dios escogió a un pueblo ante todo el mundo, no únicamente para adoptar a sus hombres y mujeres como hijos suyos, sino para que el mundo recibiese por ellos la gracia que trae salvación. Sigue leyendo

Jesús es nuestro Abogado, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Intercesor

nuestro Abogado

Jesús aparece como nuestro Abogado intercediendo en nuestro favor ante Dios: “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”—1 Juan 2:1”. A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y por medio de la fe reclamen la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia de Cristo y su carácter está en armonía con la ley de Dios, sus pecados serán borrados y ellos mismos se considerarán dignos de la vida eterna. El Señor declara a través del profeta Isaías: “Yo, yo soy aquel que borro tus transgresiones a causa de mí mismo, y no me acordaré más de tus pecados”—Isaías 43:25 Sigue leyendo

La voluntad de Dios, no como yo quiero, sino como tú

La voluntad de Dios

Si la voluntad de Dios ha de llegar a ser la nuestra, necesitamos desde el mismo principio conocernos a nosotros mismos. Podemos trazar planes basados en nuestras ambiciones personales y en nuestros propósitos egoístas, pero el Señor conoce el fin desde el principio y comprende la relación que todo hombre debiera tener con Él y con su prójimo.

El eslabonamiento de ciertos elementos puede producir resultados desfavorables. Es por eso que el hombre no puede confiar en su propio juicio. La experiencia lo convencerá de su error. El Señor dispone lo que será de mayor beneficio espiritual al alma que está en la balanza, lista para comenzar una nueva empresa que significa más de lo que ella misma anticipa. ¿Qué debiera hacer esa persona? Su única seguridad consiste en colocar a un lado sus preferencias y planes, diciendo: “pero no sea como yo quiero, sino como tú”—Mateo 26: 39. Sigue leyendo