Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios

Bienaventurados los pacificadores

“Bienaventurados los pacificadores”. ¿Quién los llama así? ¡Cristo! Él es el “Príncipe de paz” y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz destruida por el pecado. Quien consienta en renunciar al pecado y abra el corazón al amor de Cristo participará de esta paz celestial.

No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. Sigue leyendo

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios

Bienaventurados los de limpio corazón
Todos los que morarán en la ciudad de Dios habrán llegado aquí a ser puros. De ahí que se diga “bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. El que vaya aprendiendo de Jesús manifestará creciente repugnancia por los hábitos descuidados, el lenguaje vulgar y los pensamientos impuros. Cuando Cristo viva en el corazón, habrá limpieza y cultura en el pensamiento y en los modales.

Los judíos eran tan exigentes en lo relativo a la pureza ceremonial que sus reglas resultaban insoportables. Los preocupaban tanto las reglas, las restricciones y el temor de la contaminación externa que no percibían la mancha que el egoísmo y la malicia dejan en el alma.

Jesús no menciona esta pureza ceremonial entre las condiciones para entrar en su reino; da énfasis a la pureza de corazón. La sabiduría que viene “de lo alto es primeramente pura” —Santiago 3:17. Sigue leyendo

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia

Bienaventurados los misericordiososBienaventurados los misericordiosos … El corazón del hombre es por naturaleza frío, sombrío y sin amor. Siempre que alguien manifieste un espíritu de misericordia o de perdón, no se debe a un impulso propio, sino al influjo del Espíritu que lo conmueve. “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero —1 Juan 4:19.

Dios mismo es la fuente de toda misericordia. Se llama “misericordioso, y piadoso”. No nos trata según lo merecemos. No nos pregunta si somos dignos de su amor; simplemente derrama sobre nosotros las riquezas de su amor para hacernos dignos. Ni es vengativo ni quiere castigar…solo redimir. Aun la severidad que se ve en sus providencias se manifiesta para salvar a los descarriados y ansía intensamente aliviar los pesares del hombre. Sigue leyendo

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos

Bienaventurados los que tienen hambre
Jesús continuó su mensaje en el sermón de la montaña diciendo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos”. La justicia es santidad, semejanza a Dios y Dios es amor. Es conformidad a la ley de Dios, “porque todos tus mandamientos son justicia” y “el amor pues es el cumplimiento de la ley”, Salmo 119:172; Romanos 13: 10.

No se obtiene la justicia de Dios por conflictos penosos, ni por rudo trabajo, ni aun por dones o sacrificios; es concedida gratuitamente a toda alma que tiene hambre y sed de recibirla. “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed… sin dinero y sin precio”. “Su justicia es de mí, dice Jehová”. “Este será su nombre con el cual le llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA”. Isaías 55:1; 54:17; Jeremías 23:6. Sigue leyendo