El libro de la vida, el libro de memoria y el libro de los pecados

El libro de la vida

En los libros del cielo—el libro de la vida, el libro de memoria y el libro de los pecados— frente a cada nombre de todo ser humano, está anotada con exactitud toda buena o mala palabra pronunciada, todo acto egoísta y también el hecho con amor, todo deber realizado y el incumplido, y todo pecado secreto junto con todo disimulo astuto. También las reconvenciones divinas escuchadas y las despreciadas, los momentos malgastados, las oportunidades aprovechadas, la influencia ejercida para bien o para mal… ¡todo es anotado!

La reunión de estos elementos determinará si podremos obtener la recompensa que se dará al vencedor del conflicto en el que estamos sumergidos. Hay un cielo que está delante de nosotros, una corona de vida que ganar, pero el que lo gane debe entrar revestido del manto de justicia de Cristo. Revisemos así lo que tiene que decirnos la Biblia respecto a los libros de la vida, el de memoria y el de pecado.

1.El libro de la vida

Los libros de registros del cielo determinarán la sentencia en el juicio que se hace sobre cada humano. El profeta Daniel dice: “El Juez se sentó, y los libros fueron abiertos”, Daniel 7:10. Al mismo tiempo la escena descrita por Juan agrega: “Otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”, Apocalipsis 20:12.

El libro de la vida contiene los nombres de todos los que alguna vez entraron en el servicio a Dios. Jesús dijo a sus discípulos: “Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”, Lucas 10:20. Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, “cuyos nombres están en el libro de la vida”, Filipenses 4:3. Daniel, al vislumbrar un “tiempo de angustia, cual nunca fue”, declara que el pueblo de Dios será librado, es decir, “todos los que se hallen escritos en el libro”, Daniel 12:1. Y Juan dice que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres “están inscritos en el libro de la vida del Cordero”, Apocalipsis 21:27.

Cuando la Tierra llegue a ser la morada eterna de los redimidos

Cuando la Tierra llegue a ser la morada eterna de los redimidos, el propósito original de Dios al crearla se cumplirá y los justos heredarán la tierra. Gozaremos entonces con Él todas las glorias del mundo por venir durante los siglos sin fin de la eternidad. Pero para llegar allí se debe recibir el sello de Dios y aquellos cuyas manos no estén limpias, cuyos corazones no sean puros, no lo tendrán. Los nombres de aquellos que firmemente anhelan y esperan la aparición de su Salvador y velan por ella, estarán en el número de los que son sellados, pero aquellos que implantan ídolos en su corazón y corrompen sus almas delante de Dios, verán sus nombres borrados del libro de la vida.

2.El libro de memoria

Delante de Dios está escrito “un libro de memoria”, en el cual quedan consignadas las buenas obras de “los que temen a Jehová, y de los que piensan en su nombre”, Malaquías 3:16. Sus palabras de fe, sus actos de amor están registrados en el cielo. A esto se refiere Nehemías cuando dice: “¡Acuérdate de mí por esto, Dios mío; no borres las obras de piedad que yo hice por la Casa de mi Dios!”, Nehemías 13:14. En el libro de memoria de Dios está inmortalizado todo acto de justicia, está registrada fielmente toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión expresada. Y está consignado todo acto de sacrificio, todo padecimiento y pesar sufridos por causa de Cristo. El salmista dice: “Tú cuentas los pasos de mi vida errante: pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están en tu libro?” Salmos 56:8.

3.El libro de los pecados

“Pues que Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”, Eclesiastés 12:14. Dice el Salvador: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”, Mateo 12:36, 37. Los propósitos y motivos secretos aparecen en el registro infalible, pues Dios “sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón”, 1 Corintios 4:5. “He aquí que esto está escrito delante de mí… vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente, dice Jehová”, Isaías 65:6, 7.

Los pecados de los cuales no haya habido arrepentimiento y que no hayan sido abandonados, no se perdonarán ni se borrarán de los libros de registros, sino que permanecerán como testimonio contra el pecador en el día de Dios. El pecador pudo haber cometido sus malas acciones a la luz del día o en la oscuridad de la noche; pero son conocidas y manifiestas para Aquel a quien tenemos que dar cuenta. Siempre hubo ángeles de Dios que fueron testigos de cada pecado y lo registraron en los libros infalibles. El pecado puede ocultarse, negarse, encubrirse del padre, la madre, la esposa, los hijos y las amistades; nadie, fuera de los mismos culpables, tendrá quizá la más mínima sospecha del mal; pero aparece desnudo ante los seres celestiales.

La ley de Dios es la norma

Las tinieblas de la noche más oscura, el secreto de todas las estratagemas engañosas, no son suficientes para velar un pensamiento del conocimiento del Eterno. Dios lleva un registro exacto de todo acto injusto y hecho ilícito. No se deja engañar por una apariencia de piedad. No se equivoca en su apreciación del carácter. Los hombres pueden ser engañados por seres corruptos de corazón, pero Dios penetra todos los disfraces y lee la vida interior. Día tras día que pasa a la eternidad lleva consigo su caudal de anotaciones para los libros del cielo.

La ley de Dios es la regla por la cual se probarán los caracteres y las vidas de los hombres en el juicio. Dice el sabio: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es la suma del deber humano. Pues… Dios traerá toda obra a juicio”, Eclesiastés 12:13-14. Y el apóstol Santiago amonesta a sus hermanos: “Así hablad… y así obrad, como hombres que van a ser juzgados por la ley de libertad”, Santiago 2:12.

Existe un juicio que se realiza en el cielo y a medida que los libros de registros se van abriendo, las vidas de todos los que hayan creído en Jesús pasan ante Dios para ser examinadas por Él. Empezando con los que vivieron primero en la Tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva y termina con los vivos. Cada nombre es mencionado, cada caso cuidadosamente investigado. Habrá nombres que serán aceptados, y nombres rechazados. Cuando alguien tenga en los libros de registros pecados de los cuales no se arrepintió y no se perdonaron, su nombre se borrará del libro de la vida y el registro de sus buenas obras se borrará del libro de memoria de Dios.

Perdón frente a sus nombres en los libros del cielo

El Señor declaró a Moisés: “Al que haya pecado contra mí, a éste borraré de mi libro”, Éxodo 32:33. Y el profeta Ezequiel dice: “Si el justo se apartare de su justicia, y cometiere maldad… ninguna de las justicias que hizo se le tendrán en cuenta”, Ezequiel 18:24. A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y por medio de la fe reclamen la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia de Cristo y su carácter está en armonía con la ley de Dios, sus pecados serán borrados y ellos mismos se considerarán dignos de la vida eterna.

El Señor declara a través del profeta Isaías: “Yo, yo soy aquel que borro tus transgresiones a causa de mí mismo, y no me acordaré más de tus pecados”, Isaías 43:25. Jesús dijo: “El que venciere se vestirá de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles”, Apocalipsis 3:5. “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”, Mateo 10:32, 33.

La escena del juicio

El más profundo interés manifestado entre los hombres por los fallos de los tribunales terrenales sólo representa débilmente el interés manifestado en las cortes celestiales cuando los nombres inscritos en el libro de la vida desfilan ante el Juez de toda la Tierra. El Intercesor divino aboga para que a todos los que han vencido por medio de la fe en su sangre se les perdonen sus transgresiones, con el fin de que sean restituidos a su hogar edénico y coronados como coherederos del “señorío primero”, Miqueas 4:8.

Jesús no disculpa sus pecados, pero muestra su arrepentimiento y fe, y, reclamando el perdón para ellos, levanta sus manos heridas ante el Padre y los santos ángeles y dice: “Los conozco por nombre. Los he grabado en las palmas de mis manos”. “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”, Salmos 51:17. Y al acusador de su pueblo le dice: “Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?”, Zacarías 3:2. Cristo revestirá a sus fieles con su propia justicia, para presentarlos a su Padre como una “iglesia gloriosa”, sin “mancha ni arruga ni cosa semejante”, Efesios 5:27. Sus nombres están inscritos en el libro de la vida, y acerca de ellos está escrito: “Andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignos”. Apocalipsis 3:4,

Juzgados por registros infalibles

Todos los que alguna vez hayan tomado sobre sí el nombre de Cristo deben pasar por un riguroso examen. Tanto los vivos como los muertos deben juzgarse “de acuerdo con las cosas escritas en los libros, según sus obras”.

Las palabras pronunciadas, los actos realizados, jamás pueden revocarse. Los ángeles tomaron nota tanto de lo bueno como de lo malo. El conquistador más poderoso sobre la Tierra no puede anular el registro de un solo día siquiera. Nuestros actos, nuestras palabras, hasta nuestros motivos más secretos, todo tiene su peso en decidir nuestro destino para dicha o desdicha. Aunque podemos llegar a olvidarlos, ellos testificarán para justificar o condenar.

En el juicio se examinará el uso de cada talento

Así como los rasgos de la fisonomía son reproducidos con minuciosa exactitud sobre la pulida lámina del artista, así también el carácter está delineado fielmente en los libros del cielo. No obstante ¡cuán poca preocupación se siente respecto a ese registro que debe examinarse por los seres celestiales! Si se pudiera descorrer el velo que separa el mundo visible del invisible, y los hijos de los hombres pudiesen ver a un ángel apuntar cada palabra y cada acto que volverán a encontrar en el día del juicio, ¡cuántas palabras se pronuncian cada día se dejarían de pronunciar, cuántos actos se dejarían de realizar!

En el juicio se examinará el uso de cada talento. ¿Cómo hemos empleado el capital que el cielo nos concediera? A su venida ¿recibirá el Señor lo suyo con intereses? ¿Hemos perfeccionado las facultades que fueran confiadas a nuestras manos, nuestro corazón y nuestro cerebro para la gloria de Dios y la bendición del mundo? ¿Cómo hemos empleado nuestro tiempo, nuestra pluma, nuestra voz, nuestro dinero, nuestra influencia?

Se examinará también: ¿Qué hemos hecho por Cristo en la persona de los pobres, los afligidos, los huérfanos o las viudas? Dios nos hizo depositarios de su santa Palabra; ¿Qué hemos hecho con la luz y la verdad que se nos confió para hacer a los hombres sabios para la salvación? No se da ningún valor a una mera profesión de fe en Cristo; sólo se tiene por genuino el amor que se muestra en obras. Con todo, el amor es lo único que a la vista del Cielo da valor a un acto cualquiera. Todo lo que se hace por amor, por insignificante que pueda parecer en opinión de los hombres, es aceptado y recompensado por Dios.

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4 comentarios en “El libro de la vida, el libro de memoria y el libro de los pecados

    1. Contacto Cerca Está Autor

      Hola María, gracias por escribirnos. Nuestro anhelo es que todo este conocimiento quede sembrado como semilla que de fruto en nuestros corazones.

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