El significado de la levadura en la Biblia, ¿qué quiere decir “leudar”?

significado de la levaduraEl significado de la levadura en la Biblia puede resultar contradictorio a la luz de ciertos pasajes. En unos se asocia a lo prohibido, al fermento que contamina, a lo que contiene pecado, y en otros por el contrario evoca el reino de los cielos.

El significado de la levadura como lo prohibido

La primera referencia bíblica está relacionada con la institución de la fiesta de los Panes sin Levadura, en vísperas de la partida de los hebreos de Egipto. Durante esta fiesta no se la debía hallar en los hogares—Éxodo 12:15-20; 13:3-7. No se había de presentar ninguna ofrenda de cereales hecha con ella —Levítico 2:11—. Debía ser comida sin este fermento en un lugar santo — Levítico 6:15-17. El profeta Amós, irónicamente, invitaba a los israelitas apóstatas a ofrecer sacrificios que contuvieran levadura —Amós 4:5— una práctica prohibida.

Jesús ilustró la influencia persuasiva de las doctrinas de los fariseos y saduceos, y la mala de Herodes —Mateo 16:6, 12, Marcos 8:15. Pablo, al referirse a la de los judaizantes en su medio, advirtió a los cristianos gálatas que “un poco de levadura leuda toda la masa” —Gálatas 5:9— y aconsejó a los corintios a limpiarse de la vieja levadura y llegar a ser una masa nueva —1 Corintios 5:6, 7.

El significado de la levadura en la Biblia como verdad

Jesús comparó por medio de una parábola la cualidad penetrante de sus enseñanzas con la acción de la levadura sobre la masa: “El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo”—Mateo 13:33, Lucas 13:20, 21. En la parábola del Salvador la levadura se usa para representar el reino de los cielos. Ilustra el poder vivificante y asimilador de la gracia de Dios.

Ninguna persona es tan vil, nadie ha caído tan bajo que esté fuera del alcance de la obra de ese poder. En todos los que se sometan al Espíritu Santo, ha de implantarse un nuevo principio de vida: la perdida imagen de Dios ha de restaurarse en la humanidad. Pero el hombre no puede transformarse a sí mismo por el ejercicio de su voluntad. No posee el poder capaz de obrar este cambio.

La levadura, algo completamente externo, debe colocarse dentro de la harina antes que el cambio deseado pueda operarse en la misma. Así la gracia de Dios debe ser recibida por el pecador antes que pueda hacerse apto para el reino de gloria. Toda la cultura y la educación que el mundo puede dar, no podrán convertir a una criatura degradada por el pecado en un hijo del cielo. La energía renovadora debe venir de Dios. El cambio puede efectuarse sólo por el Espíritu Santo. Todos los que quieran ser salvos, sean encumbrados o humildes, ricos o pobres, deben someterse a la operación de este poder.

La levadura obra de adentro hacia afuera

Comprender el significado de la levadura cuando se mezcla con la harina, es entender qué es actuar desde adentro hacia afuera como ocurre con la renovación del corazón donde la gracia de Dios transforma. No es suficiente un mero cambio externo para ponernos en armonía con Dios. Hay muchos que tratan de reformarlo corrigiendo este o aquel mal hábito, y esperan llegar a ser cristianos de esta manera, pero ellos están comenzando en un lugar erróneo. Nuestra primera obra tiene que ver con el corazón.

El profesar la fe y el poseer la verdad en el alma son dos cosas diferentes. El mero conocimiento de la verdad no es suficiente. Podemos poseer ese conocimiento, pero el tenor de nuestros pensamientos puede seguir siendo el mismo. El corazón debe ser convertido y santificado. El hombre que trata de guardar los mandamientos de Dios solamente por un sentido de obligación —porque se le exige que lo haga— nunca entrará en el gozo de la obediencia.

Cuando los requerimientos de Dios son considerados como una carga porque se oponen a la inclinación humana, podemos saber que la vida no es una vida cristiana. La verdadera obediencia es el resultado de la obra efectuada por un principio implantado dentro. Nace del amor a la justicia, el amor a la ley de Dios. La esencia de toda justicia es la lealtad a nuestro Redentor. Esto nos inducirá a hacer lo bueno porque es bueno, porque el hacer el bien agrada a Dios.

La gran verdad de la conversión del corazón por el Espíritu Santo

Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios… Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas no sabes de dónde viene, ni a dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu”.

La levadura escondida en la harina trabaja en forma invisible para hacer que toda la masa se halle bajo el proceso del leudamiento; así la levadura de la verdad trabaja secreta, silenciosa, invariablemente para transformar el alma. Las inclinaciones naturales son mitigadas y sometidas. Nuevos pensamientos, sentimientos y motivos son implantados. Se traza una nueva norma del carácter: la vida de Cristo.

El apóstol Pablo, escribiendo por la inspiración del Espíritu Santo, dice: “Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos; y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”—Efesios 2:4-8.

Las Escrituras constituyen el gran agente en la transformación del carácter

“La fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios”—Romanos 10:17. Cristo oró: “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad”—Juan 17:17. Si se la estudia y obedece, la Palabra de Dios obra en el corazón, subyugando todo atributo no santificado. El Espíritu Santo viene a convencer del pecado, y la fe que nace en el corazón obra por amor a Cristo, y nos conforma en cuerpo, alma y espíritu a su propia imagen. Entonces Dios puede usarnos para hacer su voluntad.

Por esta línea podemos entender el significado de la levadura como la verdad recibida en el corazón que regulará los deseos, purificará los pensamientos y dulcificará la disposición. Esta levadura aviva las facultades de la mente y las energías del alma. Aumenta la capacidad de sentir, de amar.

No depende de la alabanza humana

El corazón de aquel que recibe la gracia de Dios desborda de amor a Dios y a aquellos por los cuales Cristo murió. El yo no lucha para ser reconocido. No ama a otros porque ellos lo aman a él y le agradan, porque aprecian sus méritos, sino porque constituyen una posesión comprada por Cristo. Si sus motivos, palabras o acciones son mal entendidas o falseadas, no se ofende, sino que prosigue invariable su camino. Es amable y considerado, humilde en la opinión que tiene de sí mismo, y sin embargo lleno de esperanza, y siempre confía en la misericordia y el amor de Dios.

El apóstol nos exhorta: “Conforme es santo aquel que os ha llamado, sed también vosotros santos, en toda vuestra manera de vivir; porque está escrito: Habéis de ser santos, porque yo soy santo”—1 Pedro 1:15-16. La gracia de Cristo ha de dominar el genio y la voz. Su obra se revelará en la cortesía y la tierna consideración mostradas por el hermano hacia el hermano, con palabras bondadosas y alentadoras.

Cristo que habita en el corazón, brilla en el rostro de aquellos que le aman y guardan sus mandamientos. La verdad queda escrita allí. Se revela la dulce paz del cielo. Se expresan allí una bondad habitual, un amor más que humano. La levadura de la verdad efectúa un cambio en todo el hombre, convirtiendo al rústico en refinado, al áspero en amable, al egoísta en generoso. Por su medio el impuro queda limpio, lavado en la sangre del Cordero. Por medio de su poder vivificante, hace que la totalidad de la mente, el alma y las fuerzas quede en armonía con la vida divina.

 

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