Orar en el nombre de Jesús, el vínculo entre la humanidad y Dios

Orar en el nombre de Jesús

En ocasiones nos preguntamos lo que significa orar en el nombre de Jesús. Debemos empezar entendiendo que tenemos un abogado ante el trono de Dios, que está envuelto por el arco iris de la promesa y estamos invitados a presentar nuestras peticiones ante el Padre en su nombre. Dice Jesús: Pidan lo que deseen en mi nombre, y se les hará. Al presentar mi nombre, dan testimonio de que me pertenecen, que son mis hijos e hijas, y el Padre los tratará como a su propio Hijo y los amará como me ha amado a mí.

Cuando nuestras peticiones ascienden al Padre en el nombre de Cristo, Él intercede a favor nuestro, y el Padre abre todos los tesoros de su gracia para que nos apropiemos de ellos, para que los disfrutemos e impartamos a los demás.

Cristo es el vínculo entre Dios y el hombre

Jesús ha prometido interceder personalmente por nosotros. Él pone toda la virtud de su justicia del lado del suplicante. Implora a favor del hombre, y el hombre, necesitado de la ayuda divina, implora a favor de sí mismo ante la presencia de Dios, valiéndose de la influencia de Aquel que dio su vida para que el mundo tenga vida.

Al reconocer ante Dios nuestro aprecio por los méritos de Cristo, nuestras intercesiones reciben un toque de incienso fragante. Al acercarnos a Dios en virtud de los méritos del Redentor, Cristo nos acerca a su lado, abrazándonos con su brazo humano, mientras que con su brazo divino se ase del trono del Infinito. Promete escuchar y contestar nuestras súplicas.

Sí, Cristo se ha convertido en el cauce de la oración entre el hombre y Dios. También se ha convertido en el cauce de bendición entre Dios y el hombre. Ha unido la divinidad con la humanidad. Los hombres deberán cooperar con él para la salvación de sus propias almas, y luego esforzarse fervorosa y perseverantemente para salvar a los que están a punto de morir.

Qué significa orar en el nombre de Jesús

Cristo dijo a sus discípulos: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre”. Explicó que el secreto de su éxito consistiría en pedir fuerza y gracia en su nombre. Estaría delante del Padre para pedir por ellos. La oración del humilde suplicante es presentada por él como su propio deseo en favor de aquella alma. Cada oración sincera es oída en el cielo. Tal vez no sea expresada con fluidez, pero si procede del corazón ascenderá al Santuario donde Jesús ministra, y él la presentará al Padre hermosa y fragante con el incienso de su propia perfección.

Orar en nombre de Jesús significa mucho. Significa que hemos de aceptar su carácter, manifestar su espíritu y realizar sus obras. La promesa del Salvador se nos da bajo cierta condición. “Si me amáis—dice—, guardad mis mandamientos”. Él salva a los hombres no en el pecado, sino del pecado; y los que le aman mostrarán su amor obedeciéndole.

Jesús decía: “Pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros; porque el Padre mismo os ama”. —Juan 16:26. “Yo os elegí a vosotros… para que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”. —Juan 15:16. Orar en nombre de Jesús es más que una mera mención de su nombre al principio y al fin de la oración. Es orar con los sentimientos y el espíritu de Jesús, creyendo en sus promesas, confiando en su gracia y haciendo sus obras.

Dios nos invita a acudir a él en el nombre de Jesús

Somos invitados a venir, a pedir, a buscar, a llamar; y se nos asegura que no acudiremos en vano. Jesús dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. —Mateo 7:7, 8.

Al recordarnos cuán voluntario es un padre para conceder lo pedido por su hijo, Cristo ilustra cuán dispuesto está Dios a bendecirnos. Dice: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Lucas 11:11-13.

Nos acercamos a Dios en el nombre de Jesús por invitación especial y él nos da la bienvenida a su cámara de audiencia. Él imparte al alma humilde y contrita aquella fe en Cristo por la cual ella es justificada. Jesús disipa sus transgresiones como una nube densa y el corazón consolado exclama: “Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado”. —Isaías 12:1.

Oremos tanto en el nombre de Jesús como también por la inspiración del Espíritu Santo

Cuando con fervor e intensidad expresamos una oración en el nombre de Cristo, hay en esa misma intensidad una prenda de Dios que nos asegura que él está por contestar nuestra oración “mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”. No solamente debemos orar en el nombre de Cristo, sino por la inspiración del Espíritu Santo. Esto explica lo que significa el pasaje que dice que “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.

Las peticiones deben ofrecerse con fe ferviente. Entonces alcanzarán al trono de gracia. Persistamos incansablemente en la oración. Dios no dice: orad una vez, y os contestaré. Su palabra es: orad, sed constantes en la oración, creyendo que todas las cosas que pedis, recibireis; yo os contestaré.

Podemos acercarnos a Dios con confianza

La humildad y la reverencia deben caracterizar el comportamiento de todos los que se acercan a la presencia de Dios. En el nombre de Jesús podemos acercarnos a él con confianza, pero no debemos hacerlo con la osadía de la presunción, como si el Señor estuviese al mismo nivel que nosotros. Algunos se dirigen al Dios grande, todopoderoso y santo, que habita en luz inaccesible, como si se dirigieran a un igual o a un inferior.

En el nombre de Jesús podemos llegar a la presencia de Dios con la confianza de un niño. No hace falta que algún hombre nos sirva de mediador. Por medio de Jesús, podemos abrir nuestro corazón a Dios como a quien nos conoce y nos ama.

Dios honrará al nombre de Jesús en nuestras oraciones

Toda promesa de la Palabra de Dios viene a ser un motivo para orar, pues su cumplimiento nos es garantizado por la palabra empleada por Jehová. Tenemos el privilegio de pedir por medio de Jesús cualquier bendición espiritual que necesitemos. Podemos decir al Señor exactamente lo que necesitamos, con la sencillez de un niño. Podemos exponerle nuestros asuntos temporales, y suplicarle pan y ropa, así como el pan de vida y el manto de la justicia de Cristo.

Nuestro Padre celestial sabe que necesitamos todas estas cosas, y nos invita a pedírselas. En el nombre de Jesús es como se recibe todo favor. Dios honrará ese nombre y suplirá nuestras necesidades con las riquezas de su liberalidad.

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 2 Promedio: 5)

Compártelo en redes:

2 comentarios en “Orar en el nombre de Jesús, el vínculo entre la humanidad y Dios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *