La parábola de los talentos…A uno dio cinco talentos y a otro dos

La parábola de los talentos

La parábola de los talentos tiene una aplicación personal para cada hombre, mujer y niño que tienen la capacidad de razonar. Nuestra obligación y responsabilidad están en proporción a los talentos que Dios nos ha dado. No hay un solo seguidor de Cristo que no tenga un don de cuyo uso no sea responsable delante de Dios. Sigue leyendo

Isaías 58, un precepto divino

Isaías 58

Todo Isaías 58 debe considerarse como un mensaje para este tiempo, que debe darse una y otra vez. ¿Qué dijo el Señor en Isaías 58? El capítulo entero es de la mayor importancia. Leamos este capítulo cuidadosamente y comprendamos la clase de obra que llevará vida a las iglesias: “La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es ésta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo”. Santiago 1:27. Sigue leyendo

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor y no hacéis lo que yo digo? 

por qué me llamáis Señor

El dirigirse a Cristo como Señor implica reconocerlo como soberano y asumir la posición de súbdito o siervo. La fe en Él debe acompañar a las acciones; de otro modo es sólo un formalismo. Por lo tanto, cuando Jesús expresó “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor y no hacéis lo que yo digo?” nos estaba señalando la obligación de creer el Él y hacer su voluntad sin buscar reparaciones según nuestra manera de pensar.

Los que no conocen la voluntad de Dios, no deben rendir cuentas de ella (Luc. 12: 47-48); pero los que han oído la voz de Dios que habla a sus corazones y sin embargo persisten en andar por sus propios caminos, que tuercen las escrituras para su propia perdición, “no tienen excusa por su pecado” (Juan 15: 22). Sigue leyendo

La blasfemia contra el Espíritu Santo, el pecado que no puede perdonarse

La blasfemia contra el Espíritu Santo, el pecado que no puede perdonarse

Es un asunto serio la blasfemia contra el Espíritu Santo. Él se entristece cuando el ser humano actúa en forma independiente y cuando rehúsa entrar en el servicio del Señor porque considera que la cruz es muy pesada, o el renunciamiento demasiado grande. El Espíritu busca habitar en cada creyente y si es bienvenido como huésped de honor, los que lo reciben llegarán a ser perfectos en Cristo.

El Espíritu Santo es el maestro divino. Si deseamos aprender sus lecciones, llegaremos a ser sabios en la salvación. Sin embargo, necesitamos guardar bien nuestros corazones, puesto que con frecuencia olvidamos las instrucciones divinas que nos instan a no proceder de acuerdo con las inclinaciones naturales de una mente no consagrada. Cada uno necesita pelear su propia batalla contra el egoísmo: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”—Efesios 4:30. Sigue leyendo