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Interpretación profética, día por año.

día por año

En la Biblia tenemos algunos pasajes que nos ayudan a comprender que el principio de interpretación de día por año es válido, es decir, que cuando se habla de “días” corresponde a un tiempo que se desarrolla en años. Tenemos por ejemplo:

Levítico 25:8 Y te has de contar siete semanas de años, siete veces siete años; de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.

Números 14:34 Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.

Ezequiel 4:6 Y cumplidos éstos, te acostarás otra vez, sobre tu lado derecho, y llevarás la iniquidad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado.

Lucas 13:32 Y Él les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago sanidades hoy y mañana, y al tercer día seré consumado. (Tiempo del ministerio de Jesús).

Día por año con algunos pasajes bíblicos.

En los libros de Daniel y Apocalipsis encontramos un mismo periodo de tiempo referenciado de tres maneras diferentes: 1.260 días, 42 meses y tiempo-tiempos-medio tiempo. Aquí es donde es importante entender que el principio bíblico de día por año puede ser usado en muchas ocasiones en la descripción profética para descifrar los tiempos y las señales que Dios quiere que conozcamos para prepararnos en este tiempo del fin.

En Apocalipsis 11:3 y 12:6 están los 1.260 días.

Apocalipsis 11:2 y 13:5 tiene 42 meses.

En Daniel 7:25 y Apocalipsis 12:14 están el tiempo, tiempos y medio tiempo.

La validez del principio de día por año

Su validez ha sido demostrada por el cumplimiento preciso de varias profecías calculadas por este método, en particular la de los 1.260 días y la de las 70 semanas de Daniel 9:24. Un período de tres años y medio contados en forma literal es insuficiente para cumplir los requisitos proféticos. Pero si miramos que con el principio de día por año el período se extiende a 1.260 años, la profecía tiene un cumplimiento excepcional.

El período profético del cuerno pequeño (ver el artículo relacionado) relatado en Daniel 7:8, comenzó en 538 D.C., cuando los ostrogodos abandonaron el asedio a Roma, y el obispo de romano, liberado del dominio arriano, quedó con poder para ejercer en adelante su autoridad civil (decreto de Justiniano). Exactamente 1.260 años más tarde, en 1798, las espectaculares victorias de los ejércitos de Napoleón en Italia pusieron al obispo de Roma a merced del gobierno revolucionario francés. Por orden de Napoleón, el general Berthier entró en Roma, proclamó que el régimen político del papado había concluido y llevó al papa prisionero a Francia, donde murió en el exilio.

Otros tiempos que pueden servir como ejemplos de interpretación profética de día por año los encontramos en Daniel 8:14 (2.300 días de tardes y mañanas), Daniel 9:24 (70 semanas o 490 días) y Apocalipsis 11:9 (3 días y medio).

Puede interesarle ver: “El sueño de las edades, Doug Batchelor” 

¿Cómo tener certeza de la cantidad de días de un año profético y los días de un mes profético para poder interpretar algunos pasajes?

La idea de un mes teórico o ideal de 30 días era lógica para los judíos, que llamaban al de 30 días mes “pleno” y a uno de 29, mes “hueco” o “deficiente” por causa de la variabilidad del movimiento de la Luna. Así, los meses lunares no alternan invariablemente con uno de 29 y otro de 30 días. El método lógico de calcular era contar por meses “plenos”, es decir, meses teóricos de 30 días cada uno (así como calculamos hoy, a veces, 30 días por mes comercial para saber el monto de los intereses). Los babilonios lo empleaban y posiblemente también los israelitas.

Partiendo de esto, el método más lógico de calcular una profecía expresada en meses y relacionada con el futuro sería mediante meses teóricos, antes que calendarios. Así los meses son de 30 días cada uno (esto resulta claro de la comparación con los 1.260 días). Además, los meses en la profecía simbólica no son literales, sino simbólicos.

Veamos el pasaje del diluvio que nos ayuda a entender los meses de 30 días.

Génesis 7:11 “Aquel día del año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, fueron rotas todas las fuentes del gran abismo y abiertas las cataratas de los cielos…”

Génesis 8:3-4 “Las aguas decrecían gradualmente sobre la tierra; y se retiraron las aguas al cabo de ciento cincuenta días. Reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre los montes Ararat.”

Aquí en el versículo 4 nos dice que pasaron 150 días entre los dos acontecimientos (también Génesis 7:24). Del 17 del segundo mes al 17 del séptimo mes tenemos 5 meses…5 meses o 150 días = 30 días por mes. 30 x 12 meses = 360 días de un año bíblico computado con meses teóricos.

Otro ejemplo, Tiempo de luto.

Deuteronomio 21:13 “…se quitará el vestido de cautiva y se quedará en tu casa llorando a su padre y a su madre un mes entero. Después podrás llegarte a ella; tú serás su marido y ella será tu mujer.”

Deuteronomio 34:8 “Lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días; así se cumplieron los días de llanto y de luto por Moisés.”

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Daniel capítulo 12, el sellamiento del libro

Daniel capítulo 12

Encontramos un libro que el ángel le dice a Daniel capítulo 12, que debe sellar: Daniel 12:4 “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin.  Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia aumentará” … Para entender qué parte del mensaje de Daniel es la que corresponde para el tiempo del fin y que debía sellarse (encriptada la explicación), debemos tener claro que no se refiere solo a unos versículos del capítulo 12 sino que todo hace parte de un bloque completo que arranca desde el capítulo 8. Sigue leyendo

MATEO 24

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A la luz de Mateo 24 los recientes acontecimientos de gran impacto a nivel mundial no deberían sorprendernos porque ya habían sido predichos por Jesús en el Monte de las Olivas pocos días antes de su muerte y resurrección: “Y oiréis guerras, y rumores de guerras; mirad que no os turbéis; porque es necesario que todo esto acontezca; mas aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares”.

Las últimas devastaciones percibidas a gran escala en el mundo (a nivel social, ambiental, económico, político), nos hacen ver que la segunda venida de Jesús no está lejos y que no debemos ignorar las señales de este sublime momento. Si bien hay muchos que insisten en que las guerras, las pestes, las inundaciones, los terremotos, etc., siempre han existido buscando solamente desprestigiar las señales y la religión, y tratando de menoscabar la fe de los profesos cristianos, no es motivo para hacer silencio y dejar de hablar sobre lo inminente, el fin de este mundo.

Pero no nos vamos a sentar a hablar de cada detalle sino que vamos a tomar brevemente la historia bíblica de Esaú y Jacob para determinar en qué lugar de la historia nos encontramos ahora y a cuál grupo de estos dos pertenecemos, porque en ellos podemos ver una descripción del carácter de los seres humanos y de las decisiones tomadas con acierto o desacierto sobre el camino que debemos recorrer para alcanzar la corona de salvación (tema de vital importancia ahora que estamos cerca del fin).

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