Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo

sal de la tierra

Se aprecia la sal de la tierra por sus propiedades preservadoras; y cuando Dios llama sal a sus hijos, quiere enseñarles que se propone hacerlos súbditos de su gracia para que contribuyan a salvar a otros. Dios escogió a un pueblo ante todo el mundo, no únicamente para adoptar a sus hombres y mujeres como hijos suyos, sino para que el mundo recibiese por ellos la gracia que trae salvación.

Cuando el Señor eligió a Abrahán, no fue solamente para hacerlo su amigo especial; fue para que transmitiese los privilegios especiales que quería otorgar a las naciones. Dijo Jesús, cuando oraba por última vez con sus discípulos antes de la crucifixión: “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”. Así también los cristianos que son purificados por la verdad poseerán virtudes salvadoras que preservarán al mundo de la completa corrupción moral.

La sal tiene que unirse con la materia a la cual se la añade

La sal tiene que entrar e infiltrarse para preservar. Así, por el trato personal llega hasta los hombres el poder salvador del Evangelio. No se salvan en grupos, sino individualmente. La influencia personal es un poder. Tenemos que acercarnos a los que queremos mejorar. El sabor de la sal representa la fuerza vital del cristiano, el amor de Jesús en el corazón, la justicia de Cristo que compenetra la vida.

El amor de Cristo es difusivo y agresivo. Si está en nosotros, se extenderá a los demás. Nos acercaremos a ellos hasta que su corazón sea enternecido por nuestro amor y nuestra simpatía desinteresada. De los creyentes sinceros mana una energía vital y penetrante que infunde un nuevo poder moral a las almas por las cuales ellos trabajan.

No es la fuerza del hombre mismo, sino el poder del Espíritu Santo, lo que realiza la obra transformadora. Jesús añadió esta solemne amonestación: “Si la sal hubiere perdido su sabor ¿con qué será ella misma salada? No sirve ya para nada, sino para ser echada fuera, y hollada de los hombres”.

La sal y su condición

Al escuchar las palabras de Cristo, la gente podía ver la sal de la tierra, blanca y reluciente, arrojada en los senderos porque había perdido el sabor y resultaba, por lo tanto, inútil. Simbolizaba muy bien la condición de los fariseos y el efecto de su religión en la sociedad. Representa la vida de toda alma de la cual se ha separado el poder de la gracia de Dios, dejándola fría y sin Cristo. No importa lo que esa alma profese, es considerada insípida y desagradable por los ángeles y por los hombres. A tales personas dice Cristo: “¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

Sin una fe viva en Cristo como Salvador personal, nos es imposible ejercer influencia eficaz sobre un mundo escéptico. No podemos dar a nuestros prójimos lo que nosotros mismos no poseemos. La influencia que ejercemos para bendecir y elevar a los seres humanos se mide por la devoción y la consagración a Cristo que nosotros mismos tenemos. Si no prestamos un servicio verdadero, y no tenemos amor sincero, ni hay realidad en nuestra experiencia, tampoco tenemos poder para ayudar ni relación con el cielo, ni hay sabor de Cristo en nuestra vida.

El Espíritu Santo

A menos que el Espíritu Santo pueda emplearnos como agentes para comunicar la verdad de Jesús al mundo, somos como la sal que ha perdido el sabor y quedado totalmente inútil.

Por faltarnos la gracia de Cristo, atestiguamos ante el mundo que la verdad en la cual aseguramos confiar no tiene poder santificador; y así, en la medida de nuestra propia influencia, anulamos el poder de la Palabra de Dios. “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe… Y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”.

Cuando el amor llena el corazón, fluye hacia los demás, no por los favores recibidos de ellos, sino porque el amor es el principio de la acción. El amor cambia el carácter, domina los impulsos, vence la enemistad y ennoblece los afectos. Tal amor es tan ancho como el universo y está en armonía con el amor de los ángeles que obran. Cuando se lo alberga en el corazón, este amor endulza la vida entera y vierte sus bendiciones en derredor. Esto, y únicamente esto, puede convertirnos en la sal de la tierra.

 

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2 comentarios en “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo

  1. Jacqueline castillo

    Hola bendiciones gracias por existir cuando creemos que todo está perdido llegan cosas y personas que cambian la manera de pensar estaba tan triste y agobiada y ahora me siento más aliviada por sus palabras gracias …se que lo que me proponga lo lograré en el nombre de Jesús

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    1. Contacto Cerca Está Autor

      Jacqueline buenos días! Tus palabras son también de ánimo y motivación para nosotros. Lo único que hacemos es compartir la Palabra de Dios de la mejor manera posible pero nunca sabemos hasta dónde puede esta labor acompañar la vida de las personas. Eso si, está claro, que es nuestro Dios quien nos alienta, nos fortalece, nos abriga, nos ayuda…todos, tú, nosotros somo instrumentos en su manos para bien de otros. Si quieres puedes apoyarte con la lectura adicional del libro “La Oración”. Seguro será de mucha bendición para ti cada día. Acá te dejamos el enlace por si deseas descargarlo. Nuestro Señor bendiga tu día! https://drive.google.com/file/d/1lcNUI__KHFun0HW8j1RrF1Xlkmymuxd-/view?usp=sharing

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