Suicidio

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Muchas personas se cuestionan sobre si cometer suicidio es sinónimo de condenación o de pecado. Toda forma de quitarse la vida es suicidio pero las diferentes circunstancias nos obligan a ponerle sentido común a los acontecimientos como por ejemplo si el que da la vida por otro en un campo de batalla es un suicida.

El sexto Mandamiento de la Ley de Dios advierte directamente contra el suicidio y el homicidio.  Dios requiere del hombre que se quita la vida tanto como del que quita la vida de su prójimo, que rindan cuenta de sus actos.  El mandamiento "No matarás" es tan amplio en sus alcances que prohíbe toda forma de acortar o quitar la vida.  El hombre no puede crear la vida y por lo tanto no tiene derecho a quitarla, a menos que se le pida que lo haga por orden divina.  Nadie que esté en posesión de sus facultades mentales y morales, y que por lo tanto sea responsable de sus actos, puede escapar del castigo de Dios, ni aun el hombre que vuelve su mano contra sí mismo.

En la Biblia encontramos varios pasajes de personajes que cometieron suicidio pero a pesar de que pertenecían al pueblo de Dios y a que sus actos eran justificables a nivel humano debido a las circunstancias, no lo eran al confrontarlos con la voluntad de Dios.  Tal es el caso de Saúl primer rey de Israel quien pereció cargando su alma con la culpa del suicidio (1 Samuel 31 ). Siguiendo los dictados de Satanás, Saúl apresuró el mismo resultado que con habilidad no santificada estaba tratando de impedir ya que la bendición de Dios se había retirado de él. Otro caso es el de Abimelec, herido mortalmente por un trozo de una rueda de molino arrojada por una mujer, le pidió a su escudero que lo mate para escapar del oprobio (Jueces 9:54). También Ahitofel, uno de los consejeros del rey Absalón, se ahorcó, después de darse cuenta de que el Rey había rechazado su consejo (Mateo 27:5).

Todo acto de injusticia que contribuya a abreviar la vida, el espíritu de odio y de venganza, o el abrigar cualquier pasión que se traduzca en hechos perjudiciales para nuestros semejantes o que nos lleve siquiera a desearles mal, pues "cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida" (1 Juan 3: 15), todo descuido egoísta que nos haga olvidar a los dolientes, toda satisfacción del apetito, o privación innecesaria, o labor excesiva que tienda a perjudicar la salud; todas estas cosas son, en mayor o menor grado, violaciones del sexto mandamiento, asesinato y/o  suicidio. El practicar todo esto solo representa el espíritu de odio y de venganza tuvo su origen en Satanás y lo llevó a dar muerte al Hijo de Dios… “y su fruto será la muerte eterna”.

Hacia el suicidio.

El mundo, que actúa como si no hubiera Dios. Muchos continúan en una complacencia descuidada del yo hasta que llegan a estar tan disgustados con la vida que terminan con su existencia.  Bailando y parrandeando, bebiendo y fumando, complaciendo sus pasiones animales, marchan como bueyes al matadero. Satanás está trabajando con todo su arte y encantos para mantener a los hombres marchando a ciegas. El mundo entero parece empeñado en la marcha de la muerte.

Hay otros sumergidos en la depresión de la soledad, la enfermedad, las deudas, la traición, la locura, que creen que la mejor forma de parar esta situación y no sufrir más es con el suicidio. Qué decirle a un madre que ha perdido a su bebé  de una manera injusta y que sumerge en una gran depresión o a una persona que padece una enfermedad “incurable” quien ya está cansada de padecer por años el mismo dolor y quien decide practicar la eutanasia?

Lo primero es no sentirse desesperado(a).  No escuchemos más al gran tentador, porque no tiene sentido hacerlo. Él nos tienta a cortar el frágil hilo de la vida. Si lo hacemos, nuestro caso será irremediable, porque sumaría el suicidio a todos los otros pecados.  Si vamos al Señor tal como es, sin esperanza y contaminados por el pecado, y nos lanzamos al pie de la cruz, pobres, miserables, ciegos, desnudos, enfermos, débiles, encontraremos un Salvador que puede extendernos la mano y levantarnos.

Jesús puede salvar con creces a los impíos más duros y a los pecadores más corrompidos. El suicidio no es la solución.

 

 

 

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