Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia

Bienaventurados los misericordiososBienaventurados los misericordiosos … El corazón del hombre es por naturaleza frío, sombrío y sin amor. Siempre que alguien manifieste un espíritu de misericordia o de perdón, no se debe a un impulso propio, sino al influjo del Espíritu que lo conmueve. “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero —1 Juan 4:19.

Dios mismo es la fuente de toda misericordia. Se llama “misericordioso, y piadoso”. No nos trata según lo merecemos. No nos pregunta si somos dignos de su amor; simplemente derrama sobre nosotros las riquezas de su amor para hacernos dignos. Ni es vengativo ni quiere castigar…solo redimir. Aun la severidad que se ve en sus providencias se manifiesta para salvar a los descarriados y ansía intensamente aliviar los pesares del hombre.

Ellos alcanzarán misericordia

Los misericordiosos son “participantes de la naturaleza divina” y en ellos se expresa el amor compasivo de Dios. Todos aquellos cuyos corazones estén en armonía con el corazón de Amor infinito, procurarán salvar y no condenar. Cristo en el alma es una fuente que jamás se agota. Donde mora Él, sobreabundan las obras de bien.

Al oír la súplica de los tentados y de las víctimas de la necesidad y el pecado, el cristiano no pregunta: ¿Son dignos?, sino: ¿Cómo puedo ayudarlos? Aun en la persona de los más necesitados y degradados ve almas por cuya salvación murió Cristo, y por quienes confió a sus hijos el ministerio de la reconciliación.

Bienaventurados los misericordiosos: son aquellos que manifiestan compasión para con los pobres, los dolientes y los oprimidos. Dijo Job: “Yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda yo daba alegría. Me vestía de justicia, y ella me cubría; como manto y diadema era mi rectitud. Yo era ojos al ciego, y pies al cojo. A los menesterosos era padre y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia”—Job 29:12-16.

Para muchos, la vida es una lucha dolorosa

Las palabras de bondad, las miradas de simpatía, las expresiones de gratitud, serían para muchos que luchan solos como un vaso de agua fría para un alma sedienta. Una palabra de simpatía, un acto de bondad, alzaría la carga que doblega los hombros cansados. Cada palabra y obra de bondad abnegada es una expresión del amor que Cristo sintió por la humanidad perdida.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado”. Hay dulce paz para el espíritu compasivo, una bendita satisfacción en la vida de servicio desinteresado por el bienestar ajeno. El Espíritu Santo que mora en el alma y se manifiesta en la vida, ablandará los corazones endurecidos y despertará en ellos simpatía y ternura. Lo que sembremos, eso segaremos. 

Cristo dirá a los misericordiosos: “bien hecho”

El que ha entregado su vida a Dios para socorrer a los hijos de Él, se une a Aquel que dispone de todos los recursos del universo. Su vida queda ligada a la vida de Dios por la áurea cadena de promesas inmutables. El Señor no lo abandonará en la hora de aflicción o de necesidad. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”—Filipenses 4:19. Y en la hora de necesidad final, los compasivos se refugiarán en la misericordia del clemente Salvador y serán recibidos en las moradas eternas.

Nunca hubo mayor necesidad de misericordia que hoy. Los pobres, los afligidos, los angustiados, los dolientes y los que están listos para perecer nos rodean. Los que han adquirido riquezas las lograron por el ejercicio de los talentos que recibieron de Dios; pero los talentos para la adquisición de propiedades les fueron dadas para que pudieran aliviar a los que están en la pobreza.

Estos dones les fueron otorgados a los hombres por quien hace brillar el sol y caer la lluvia sobre justos e injustos, para que por la fecundidad de la tierra los hombres pudieran tener amplia provisión para compartir con los que están en necesidad. Los campos fueron bendecidos por Dios, pues “por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre”—Salmos 68: 10.

El corazón humano debe ejercitar constantemente la misericordia

Los acontecimientos han sido ordenados de tal manera por la providencia de Dios que los pobres siempre estarán con nosotros, para que el corazón humano pueda ejercitar constantemente los atributos de la misericordia y del amor. El hombre ha de cultivar la ternura y la compasión de Cristo; no ha de alejarse de los sufrientes, los afligidos, los necesitados y los angustiados.

Son muchos los que se quejan de Dios porque hay tanta necesidad y dolor en el mundo; pero Dios no quiso nunca que existiese esta miseria. Nunca quiso que un hombre tuviese abundancia de los lujos de la vida, mientras que los hijos de otros lloraran por pan. El Señor es un Dios benévolo y por eso dice “Bienaventurados los misericordiosos”.

Si los hombres cumplieran sus deberes como fieles mayordomos de los bienes de su Señor, no habría quién clamara por pan, nadie sufriría privaciones, nadie estaría desnudo y con necesidad. Es la infidelidad de los hombres la que provoca el estado de sufrimiento en el que está sumergida la humanidad.

Usar los bienes del Señor

Si tan solo los que han sido hechos mayordomos utilizan los bienes de su Señor para el propósito con que les fueron dados, no existiría este estado de sufrimiento. El Señor prueba a los hombres dándoles una abundancia de cosas buenas, así como probó al hombre rico de la parábola. Si somos infieles en las riquezas terrenales, ¿quién nos confiará las riquezas verdaderas?

“Bienaventurado el que piensa en el pobre… Jehová lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad”, Proverbios 11:25; Salmo 41;1-3.

Los que han soportado la prueba en la tierra, los que han sido hallados fieles, los que obedecieron las órdenes del Señor de ser misericordiosos y de usar sus medios para el avance de su reino, oirán, de los labios de su Dueño: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”—Mateo 25: 21.

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