La lluvia tardía, el fuerte clamor

La lluvia tardía

El concepto de la lluvia tardía en la Biblia lo hemos escuchado en múltiples ocasiones, pero para darle una correcta aplicación en nuestros días debemos empezar con los capítulos 13 a 17 del evangelio de Juan, donde nos encontramos con las palabras dirigidas por Jesús a sus discípulos en el aposento alto, la noche previa a la pascua, en la cual les anuncia su separación ya que iba a morir en manos de las autoridades civiles y religiosas del momento. Dentro de todas las promesas allí expresadas en esta reunión, resalta una a la que no suele darse mayor importancia, pero es vital para nuestro vivir en el día a día, la promesa del Espíritu Santo.

Juan 14:15-17 Si me amáis, guardad mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis; porque mora con vosotros, y estará en vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

La lluvia temprana y tardía símbolo del Espíritu Santo

Joel 2:23 Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia moderadamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.

Es el Espíritu Santo quien nos recuerda las palabras de Cristo. En su último discurso registrado en el evangelio de Juan, se resalta el tema del ministerio del Espíritu Santo. Debían recibir sus palabras por fe, y el Consolador les haría recordar todas las cosas. Seguro que si hoy dejáramos vivir más el Espíritu en nosotros tendríamos mayor claridad sobre las realidades eternas recordando todo lo que se nos ha enseñado. Pero este ofrecimiento no es aceptado ni creído por la gente en nuestros días y la iglesia tampoco lo aprecia ni espera su cumplimiento.

Juan 16:13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

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La obra del Espíritu

En el Oriente la lluvia temprana cae en el tiempo de la siembra. Es necesaria para que la semilla germine. La lluvia tardía, que cae hacia el fin de la temporada, madura el grano y lo prepara para la cosecha. El Señor emplea estos fenómenos naturales para ilustrar la obra del Espíritu Santo.

Así como la lluvia cae al principio para que la semilla germine, y luego para que la cosecha madure, se da el Espíritu Santo para que lleve a cabo a través de sus etapas el proceso del crecimiento espiritual. La maduración del grano representa la terminación de la obra de la gracia de Dios en el alma y la preparación de la iglesia para la segunda venida de Cristo.

La aplicación histórica de la lluvia a la iglesia

La lluvia temprana ocurrió en Pentecostés en el año 31 d. C. En obediencia a la orden de Cristo, los discípulos esperaban en Jerusalén la promesa del Padre, el derramamiento del Espíritu. El relato dice que estaban “de continuo en el templo, alabando y bendiciendo a Dios”. Lucas 24:53.

Mientras los discípulos esperaban, humillaron sus corazones con verdadero arrepentimiento, y confesaron su incredulidad. Los discípulos oraron con fervor pidiendo capacidad para encontrarse con los hombres y en su trato diario hablar palabras que pudieran guiar a los pecadores a Cristo. Poniendo aparte toda diferencia, todo deseo de supremacía, se unieron en estrecho compañerismo cristiano.

En el momento de Pentecostés declaró Pedro al respecto: Hechos 2:16-18 Mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel: Y será que en los postreros días, dice Dios: Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Y vuestros jóvenes verán visiones; Y vuestros ancianos soñarán sueños: Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré de mi Espíritu en aquellos días, y profetizarán.

Siendo así ¿por qué le damos tan poca importancia o quizás ninguna a la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas? Deberíamos anhelar tener ese gran tesoro, amigo y ayudador a nuestro lado constantemente.

¿Cuál fue el resultado del derramamiento del Espíritu, en el día de Pentecostés?

Bajo la influencia del Espíritu, las palabras de arrepentimiento y confesión se mezclaban con alabanza por el perdón recibido. Miles se convirtieron en un día. El Espíritu Santo los habilitaba para hablar con facilidad idiomas antes desconocidos para ellos. El Espíritu Santo hizo por ellos lo que los discípulos no hubieran podido llevar a cabo en todo el curso de su vida.

Las buenas nuevas de un Salvador resucitado fueron llevadas a las más alejadas partes del mundo habitado. La iglesia veía venir a ella conversos de todas direcciones. Los apóstatas se reconvertían. La ambición de los creyentes era revelar la semejanza del carácter de Cristo y trabajar para el engrandecimiento de su reino.

La promesa de la lluvia tardía y el fuerte pregón

El derramamiento del Espíritu en los días de los apóstoles fue “la lluvia temprana”, pero la lluvia tardía será más abundante. Cerca del fin de la cosecha de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual para preparar a la iglesia para el retorno de Cristo. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía. En ese tiempo, descenderá la “lluvia tardía” o refrigerio de la presencia del Señor para dar poder a la voz fuerte del tercer ángel, y preparar a los santos para que puedan subsistir durante el plazo cuando las siete postreras plagas se derramarán.

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La lluvia temprana produce conversión; la lluvia tardía desarrolla un carácter semejante al de Cristo. Pero si no progresamos, si no asumimos la actitud necesaria para recibir tanto la lluvia temprana como la tardía, la responsabilidad será solamente nuestra. Mediante la oración y la fe debemos tratar de obtener una porción más abundante. No debemos cesar nunca en nuestros esfuerzos.

Debiéramos orar tan fervientemente por el descenso del Espíritu Santo como los discípulos oraron en el Día de Pentecostés. Si ellos lo necesitaban en aquel entonces, nosotros lo necesitamos más hoy en día. La medida del Espíritu Santo que recibamos estará en proporción a la medida de nuestro deseo de recibirlo y de la fe que ejerzamos para ello, y del uso que hagamos de la luz y el conocimiento que se nos dé.

La promesa del don del Espíritu de Dios

Zacarías 10:1 Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía: Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba en el campo a cada uno.

Esta promesa se considera como un asunto de poca importancia y el resultado es una oscuridad, decadencia y muerte espiritual. Nos pasamos viviendo en cosas triviales, en actividades que nos descalifican para recibir los dones mayores que Dios ofrece. ¿Por qué será que no tenemos hambre y sed de recibir este regalo del Espíritu Santo, siendo éste una virtud que puede mantener puro el corazón? Es fundamental que comprendamos el significado de la promesa del Espíritu Santo antes que Jesús venga por segunda vez. Hablemos acerca de esto, oremos por Él porque el Señor está más deseoso de conceder el Espíritu Santo que los padres a dar buenas dádivas a sus hijos —Lucas 11:13.

Nadie podrá participar del “refrigerio” a menos que haya vencido todas las tentaciones y triunfado del orgullo, el egoísmo, el amor al mundo y toda palabra y obras malas. Debemos acercarnos más y más al Señor y buscar anhelosamente la preparación necesaria que nos habilite para permanecer firmes en la batalla, en el día del Señor.

Vendrá la lluvia tardía y la bendición de Dios

No hay nada que Satanás tema tanto como que el pueblo de Dios despeje el camino quitando todo impedimento, de modo que el Señor pueda derramar su Espíritu sobre su iglesia: “no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”. Zacarías 4:6.

Vendrá la lluvia tardía y la bendición de Dios llenará cada alma que esté purificada de toda contaminación. Nuestra obra hoy es rendir nuestra alma a Cristo para que podamos ser hechos idóneos para el tiempo del refrigerio de la presencia del Señor: idóneos para el bautismo del Espíritu Santo.

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